domingo, 27 de agosto de 2023

Aeropuerto


 

Otra triste espera en otro aeropuerto. Los aeropuertos son iguales pero hay cosas que varían. Una vez paré en Frankfurt de pura chiripa porque perdí un vuelo en Nueva York hacia Sudáfrica y tuve que dar una vueltona. La escala era inmensa y me dispuse a salir a conocer la casa de Goethe. Al regresar amodorrado al aeropuerto por el jet lag y la caminata bajo la lluvia, caí muerto en unas sillas como de playa. Me dormí varias horas. Pienso que en todos los aeropuertos deberían tener ese tipo de sillones, no creo que sean tan caros y ayudarían enormemente frente a estas sillas incómodas en las cuales no se pueden recostar los pies por lo que la dormida se dificulta. 

 

Me queda una hora de espera para tomar el avión de regreso a ¿casa? No sé si es a casa a donde voy, no sé ahora el significado de casa, que uno suele ligar a las personas que se constituyen en un espacio delimitado. Ahora que volví a mi país luego de un tiempo me sentí bien, reconozco los secretos de la ciudad, pero me consideré también lejano y estaba muy consciente de que pronto me iría, lo que me daba cierta impunidad; un aire de extranjero caía en mí, a un nivel espiritual, y ahora que lo pienso quizá evoco el arquetípico extranjerismo de Camus. 

 

El término hogar fue puesto en duda, sin duda. Soy bueno para aprender las tablas, las normas y los mandatos espirituales pero se me hace complicado bajar estas ideas al corazón, rompiendo la racionalidad. Hay un sentido de superioridad en querer entenderlo “todo” por medio de la teoría del conocimiento validada por mí: me refiero en mayor medida a los desazones y lo que no me gusta: ¿por qué el mundo debe adecuarse a mi capricho?

 

Sigo en el aeropuerto, se escuchan murmullos de partidos de futbol, cubiertos chocar, una voz robótica anunciando un retraso. La gente pasa y pasa, no dejan de pasar y perderse. Somos una red energética que se dispara amarrando el planeta: está claro por qué el covid se esparció tan rápido. 

 

 

 

 

 

 

sábado, 19 de agosto de 2023

Guatemala observa el amanecer de la democracia

No nos damos chance, a veces, de sentir esperanza. Estamos acostumbrados a denunciar los abusos, la criminalización, las mentiras. Pero hay una verdad incontestable: Guatemala está a punto de convertirse en la luz democrática de Centroamérica. Parece imposible que algo así se dé justo después de cinco años de persecución espuria contra los que combatieron la corrupción. Conocer de cerca las historias de los exilios -haberlas vivido-, ver a los amigos irse a la cárcel, ser difamados, y por el otro lado observar erguirse a los corruptos en las instituciones de justicia no solo ha provocado una náusea permanente sino que nos ha dejado con cierto sentido de desesperanza. 

 

Pero como dice Borges que los lugares comunes conviene repetirlos por ser certezas reales, recuerdo la frase de que cuando estaba la noche en su punto más oscuro, empezó a amanecer. Y lo que Guatemala vive en estos momentos no podría compararse ni con las prospecciones más optimistas. Bernardo Arévalo, el hijo del mejor presidente de la historia de Guatemala, está a punto de ser, a su vez, electo presidente. Cualquier otra situación sería una anomalía que provocaría, sin duda, que las calles se derramaran de gente; tal como ha sucedido en los últimos años cuando ha habido crisis y luchas férreas. 

 

Debemos felicitarnos como guatemaltecos y guatemaltecas porque no hemos dejado en colocar el dedo en la llaga y la plaza pública -que nosotros le decimos el parque central- se convirtió en un lugar de disputa de hegemonía; nos apropiamos de ella. El lejano 25 de abril de 2015, cuando salimos por primera vez en estas modalidades de protestas anticorrupcíon fue recordado con vehemencia por Bernardo Arévalo en su discurso en esa misma plaza abarrotada el 16 de agosto cuando fue el cierre de campaña del partido Movimiento Semilla. 

 

Siempre pensé que la crisis de 2015 con sus subidas y bajadas nunca se había terminado de resolver porque no se había dado una reforma sustantiva del Estado, y porque los dos gobiernos que sucedieron fueron una refuncionalización de la misma red criminal y solamente le colocaron en estos ocho años más leños a la hoguera de la indignación. El trabajo -silencioso a veces y vocal otras- de Semilla fue sembrando un camino que no se vio venir, pero que no carece de sentido. Realmente se fueron colocando semillas que ahora están germinando, robustas, que serán árboles centenarios, primaverales. Una verdadera resolución a esta crisis revelada supone un gobierno íntegro conformado por personas auténticas, sin nexos criminales, con capacidad y objetivos concretos. 

 

No terminamos de salir de la sorpresa y por momentos nos pellizcamos para saber si es verdad. Resulta que sí, que Arévalo podría liderar al país para comenzar a salir del agujero fétido al cual nos han refundido. Es alegre ver a tantos amigos y amigas acompañando este proyecto: porque aglutina a académicos que se cansaron solamente de analizar, a líderes estudiantiles del 2015, a empresarios medianos, profesionales, trabajadores, gente normal. Han aprendido las normas electorales y han trabajado arduamente para sacar adelante un proyecto de nación. Han quedado heridas y vendrán otra más: también hay exiliados ya a quienes les han inventado procesos penales. El Ministerio Público sigue su labor de bulldozer queriendo arrancar cualquier mata que no sea afín al statu quo delincuencial. 

 

Pero el relato cambió: la gente está vibrando, está creyendo, no se traga las mentiras del presidente ni de ningún otro político tradicional. Arévalo encarna el disidente y outsider pero la particularidad es que él tiene un músculo interno, histórico y que lo acompaña para emprender esta notable cruzada. Solamente de la mano del pueblo, como lo hizo su padre, podrá caminar entre el fango sin mancharse. 

 

Los riesgos están y seguirán. El trecho de agosto a enero, cuando toca el cambio de mando, es largo. Los ojos internacionales serán clave para contener las arremetidas del Ministerio Público, aupado por el presidente Giammattei, y la ciudadanía deberá salir a las calles las veces que se necesiten para defender este halo de esperanza que se ha abierto y que es fruto de miles de acciones: fiscales de mesa, pequeños donantes, decenas de voluntarios, quienes planifican, los diputados que demostraron su consistencia en el congreso, toda la gente que ha ido a las marchas, quienes redactaron mantas con sus manos, quienes publicaron sus actas de votos el día que el gobierno trató de alegar fraude, los abogados que han planteado amparos, los periodistas que no se callan; es una cuestión enorme compuesta por una colectividad dinámica que como una ola del océano busca, el 20 de agosto, el día de la segunda vuelta, derribar los diques de impunidad. 

 

 

sábado, 17 de junio de 2023

La oportunidad de trascendencia


 

Dice Pema Chodron que cuando quema el infierno del apego -extrañar un momento imposible, la rabia que desata hogueras indescifrables, los celos o cuestiones así de caóticas y aparentemente incontrolables- uno puede darse una pausa y hacer que desde el sentir de ese fuego agónico brinque una deidad -como Mahakala, una deidad iracunda- y al verla tan grotesca nos dé un susto benigno (como cuando asustan para quitar el hipo) que muestra la completitud de la iluminación fecunda. ¿Cuándo se terminan esos momentos de apego, de enganche cancerígeno que nos roba la paz? Cuando nos iluminamos, dice Pema Chodron. 

 

Uno ha estado acorralado por diversos factores, aunque no dejamos de ser privilegiados por estar en la práctica y tener combustible en la panza. Vemos alrededor y las millones de ficciones que nos acompañan dan náusea suprema: no solo la política sino lo que la humanidad preferentemente emana: edificaciones del ego infinito: cada palabra parecería enfocada en validarnos, sabernos parte de un holograma que debe encajar en una idea arquetípica cultural, descifrada así por la construcción económica, social, etcétera. Las verdades nobles del Buda, la condición de que todos sufrimos, nos confirma un entramado truqueado, indispuesto, vomitivo. 

 

Hay quienes a lo mejor les es más fácil existir. Hay quienes les requiere más tiempo, como a mí, vincularse a un sendero significativo. Uno ha tratado de todo, experimentado de todo para concluir que depender de una validación exterior resulta un fracaso consuetudinario. No hay forma de llevar una buena vida así y el mundo que consumimos está básicamente permeado por las validaciones: las validaciones negadas (de los padres o de alguien más) se terminan añorando en parejas, jefes, premios, títulos, etcétera. 

 

A las mujeres se les demanda la belleza, a los hombres el poder, por decir dos consideraciones simplistas, que se interconectan pero si vamos a generalizaciones, nos desciframos en esos términos (las construcciones de género) y entonces vemos problemas alimenticios, cosa común, o que se hace literalmente todo por lograr una posición para “conseguir” una novia linda que será esposa y madre y así reproducir el ciclo de la infatuación familiar.

 

En buena medida, la mayoría somos presas de esto y lo aceptamos: quizá no tiene nada de malo pero el tema es esforzarse en la búsqueda de un sentido por medio de que otros nos aprueben y jamás “llegar”; lo percibido está siendo constantemente diseñado por nuestra individual psique que aprendió a hacerlo así; pero bueno, hay otras formas de disfrutar la vida. 

 

Y más que disfrutar, latir con consciencia plena de las tribulaciones que nos aterran en lo interno y que se explayan sobre los sistemas económicos y jurídicos: el más poderoso velará por su interés o por lo que cree que es su interés; recordemos que se ha visto a tantos millonarios suicidarse, imperios implosionar, presidentes asesinados. 

 

Se siente ese ambiente de que esta realidad ya no da. Que se requiere un manifiesto. Pero sin tiempo libre, no habrá ninguna idea revolucionaria que aceitar, como me ha dicho mi amiga. Se los digo desde la capital del Imperio: esto ya no da. Habrá fórmulas mágicas para parchear la estructura pero el espíritu es sabio y nos está poniendo en frente a los glaciares derritiéndose que interpelan así el sentido cultural económico más concreto; nos vamos a ahogar sin soltar los dólares/yuanes/euros enterrados en el banco. Necesitamos acariciar este momento. 

 

El miedo es el motor que jala de regreso: vuelvo al punto inicial: miedo a soltar la certeza del apego a alguien, a algo, o a todo lo conocido; ya soltamos las drogas que era un dios bastante influyente, ahora será el poder, el like y la validación; decía Pema que finalmente ella pedía que el apego se manifestara seguido porque así saltaría Mahakala, y como dios iluminado, asustándola (como quitándole el hipo) le recordaría el despertar, la oportunidad de trascendencia. 

jueves, 25 de mayo de 2023

Escribo cansado

 

Escribo cansado. Escribo muerto. Todos estamos muertos, en potencia. Si digo muertos y no digo muertos y muertas, o muertxs o todes estamos muertes, en ciertos círculos, estaría muerto. No voy a entrar a indagar más y quizá tienen razón y el lenguaje es vivo y debe ser inclusivo pero ahora solo escribo sin pensar, viendo cómo mis yemas presionan el botón de la letra para combinar dos, tres letras y una palabra y una frase y el otro día leí después de años un cuento de Cortázar y como me dijo Payeras una vez: cuando leía a Cortázar yo era feliz; fui feliz leyendo ese cuento escrito con agonía y meticulosidad y notaba, una vez más, que me gustan esos finales, a todo mundo le gustan los finales de Cortázar y nos inspiran a poner is griegas para precipitar un desenlace misterioso, arcaico, nostálgico o tenaz que es como una ola que llega y se va; cierta paz da leer literatura. Hoy vi a alguien leyendo el libro de la Chica Mala de Vargas Llosa en italiano y le pregunté y me dijo que lo había leído varias veces y me relató en dos platos la trama, yo leí ese libro pero solamente se me vienen recuerdos de recortes, los pasajes en Inglaterra en esa cultura de caballos y aristócratas y un poco las relaciones de ella y el personaje del intérprete, pero no más. El olvido está presente siempre. ¿Imaginen que nos recordáramos de todo todo el tiempo? Como la película Everything, Everywhere, All at Once, no sé si la vieron pero por ahí leí una aproximación budista sobre el todo y los pincelazos que podrían interpretarse desde ese lente. Está también, más que nunca presente, el cuento de la Biblioteca de Babel de Borges. Esto del ChatGPT nos hace pensar que quizá es posible que todo vaya a estar escrito pronto y lo que se pretende presentar como nuevo será solo una ilusión potable para desconocedores. En fin, me da placer estar tecleando, como jugando, mientras miles de ansiedades me rodean: me rodean a mí, que soy asimismo una idea de mí. Noto, a veces, cómo se desprende un pensamiento como si fuera un retoño que florece: el preciso segundo de florecer: ahí el milagro, ahí la atención, acariciar ese episodio minúsculo y dejar que florezca y que siga su cauce, no identificarse con ese objeto que despunta; puede haber millones de florecimientos en un minuto, de hecho los hay y nada tienen que ver conmigo. ¿Cuántas plantas están muriendo y naciendo ahora? ¿Cuánto llanto instantáneo en los sepelios y en las salas de nacimiento de los hospitales? Pero, regreso: la intención toral de esta reflexión era partir de que se requiere tiempo para el despertar de consciencia. El tiempo se hace, el tiempo se estira y se adecúa para las prioridades; es verdad. Puede que sea una excusa lo que digo, pero realmente el capitalismo y las demandas de productividad y mantenerse vivos, limpios y al día con la renta exigen una cantidad de esfuerzo diurno y a veces nocturno que básicamente no deja espacio para sembrar las semillas del despertar. Es como si el mismo samsara -la espiral del eterno retorno que planteaba Nietzsche, y otros antes que él- implique por default un lugar en la cadena de productividad, y que para romper con la estancia dentro de estos entramados de podredumbre -crisis, urgencia de validación, que el nombre de uno retumbe en los cielos- que replica la misma nefasta entonación sin salida, se deban incinerar puentes con este mundo aunque sean puentes metafísicos y simbólicos; y en un punto a lo mejor residir pero sin dejarse drenar o bien solo aprender el baile sin que nos engullan los zopilotes que quieren devorarnos y nos escupen y nos demandan todo, nuestra destrucción absoluta. O bueno, ¿y si eso es? Esa incineración inmisericorde de las identidades, que esta agonía que nos lanzan y nosotros también nos lanzamos sea la larga noche necesaria para el despertar que implicará el aplastamiento de las gotas del otro cuento de Cortázar, plaf, una viscosidad en el mármol; nos gustan los finales de Cortázar.

domingo, 26 de febrero de 2023

El viaje de Cohen




Por fin me atrapó el Covid luego de sortearlo de las formas más inverosímiles. Me vino en un momento, además, crítico, en el que se esboza una nueva ruta en mi vida. Lo veo más bien como una iniciación a una siguiente etapa. Como que un cascarón se quebrara; un parto requiere, claramente, un dolor que no hemos experimentado antes. Heme aquí: pariendo, siendo parido. La enfermedad cataliza otros vientos internos. Algo necesita morir. 

 

Como parte de las actividades para pasar el tiempo, me topé en Netflix con el documental “Hallelujah: Leonard Cohen, a Journey, a Song (2022)”, sobre la vida de Leonard Cohen, quien siempre me había atraído especialmente y sin muchas explicaciones.

 

Al verlo, se me quitó el sabor ácido de las vitaminas C y de los tés para la tos. Leonard Cohen es pues, quienes lo conocen, un místico musical, quien nació más que para cantar y escribir, para conectar con el misterio indescifrable que se entiende según cada concepción, en Dios o la Iluminación o el más allá. No sabemos a qué venimos a este mundo y ese pormenor estalla toda la ansiedad posible, las opresiones planetarias y la ambición justificando la existencia de los tronos y las banderas. 

 

Cohen tuvo la maestría de gastar el tiempo en las cosas que importan y tuvo, al parecer, resuelta su economía, canadiense de Montreal, y experimentó la fama y el rechazo de la productora Columbia cuando el presidente desdeñó el disco que contenía la versión original de Hallelujah en 1984. Pero confió en su destino místico y vivió más de cinco años el monasterio zen Mount Baldy, en California, donde recibió una limpieza de los velos mentales, como dicen los hermanos budistas. 

 

Admiro la capacidad de sacralizar la pasión y enlazar lo común con lo divino y de invertir el esfuerzo en esa atención a sí mismo para poder dejar de pensar en lo que vendrá después y concentrarse en el segundo actual, parafraseando lo que él diría en una entrevista. Su nombre en el monasterio fue “Jikan” (el silencioso), un mote aparentemente contradictorio, ya que su afán era cantar, pero en realidad evocaba una verdad de dos lados, como toda verdad que se respeta, en donde la música y el silencio eran uno, un canto meditativo desde la plegaria que ascendía y caía de vuelta. 

 

Tras bajar del monasterio, en una de esas, su agente le robó todo. A los 70 años, eso le motivó obligándolo a trabajar de nuevo. Se diría que el destino le ayudó a volver a producir pesar de perder su plata. Entonces desató de nuevo, después de más de diez años, giras mundiales en donde ya había integrado otros saberes y sin tantos velos afinó la luz de la conexión y brilló hasta el final; murió en 2016. Hallelujah tuvo mil versiones y obtuvo una vida aparte de Cohen, pero éste le impregnó un tono de religiosidad laica que se escucha como un rezo pop que sin duda prende los violines del espíritu. 

 

Cada viaje es también un espejo de otros viajes y Cohen entonces me habla con su película -la película que hicieron de él- sobre la posibilidad de paz y de recostarse en la realidad plena y a pesar de los desasosiegos invocar la luz que nos rompe en pequeñas partículas. Cohen me toma de la mano hacia la primavera que se muestra. 

 

 

domingo, 12 de febrero de 2023

Días de aviones

 

Recién me duché en el aeropuerto de Nueva York; me siento oficialmente Tom Hanks. Llevo más de un día viajando desde que salí de Sudáfrica. Me espera la ciudad de México, lugar al que voy a tramitar la visa de estudiante para volver a Washington DC. Hace un mes arranqué una maestría en derecho. Con lo que me costó sacar mi carrera en Guatemala, con lo que peleé con los profesores y con lo que juré incluso en un poema jamás volver a estudiar más derecho. Las veces que me salí de la universidad, que discutí con mi padre, que insulté la ley. Debo decir que en las clases que llevo ahora sí que se explora el derecho en el sentido más profundo, contrario a lo que lo viví en Guatemala, donde, con el perdón de unos cuantos catedráticos, no te justifican las normas más que con la frase “porque la ley así lo dice” que es en realidad un escupitajo al estudiante que quiere desentrañar los principios fundacionales de las civilizaciones y no solamente aprenderse las leyes que son parte de un esquema político -y económico- que sustenta un Estado -todos los Estados- para mantener cierto poder. 

 

Es fácil decirlo y uno claro que lo intuye pero en mi querido país es tan difícil que se enseñe así de claro, quizá porque mostrar la realidad tan sinceramente puede generar cambios volubles no deseados por los dueños de las educaciones y los gobernantes. Últimamente me pasa que se me vienen una serie de explicaciones minuciosas -quizá innecesarias y por eso ya no las digo-, por ejemplo de cómo se fraguaron los sistemas políticos -instituciones, tratados internacionales, modelo económico y financiero- post Segunda Guerra Mundial y a partir de ahí se marcó lo que entendemos cómo realidad. Muy básica la onda: quien ganó la guerra le puso su huella a la forma en que los territorios y las poblaciones se relacionan. ¿Pero qué otra forma de hacerse había?, cuestionaría cualquiera. Y más que reñir en este texto, solo pienso, reflexiono, desde el aeropuerto de Newark. 

 

Tenía días -meses- de querer escribir sin mayor objetivo. Estar haciendo reportes en oficinas puede enseñarte muchas cosas -precisamente de cómo se mueve este mundillo- pero ciertamente te coarta hacia una pose estirada. Y bueno, yo sí que tengo un aire político, por decirlo, pero ante todo, y disculpen esta otra pretensión, ante todo soy un poeta. Me da risa cuando abogados quieren demeritar una resolución de un tribual o cualquier otra cosa diciendo “eso es pura poesía”, intentando dar a entender que carece de sustento. ¡Qué tiene más raíz y más certeza que la misma poesía! Pero así es este mundo, permanentemente nos frustraríamos si nos enojara cada inconsistencia que se nota en los demás y en uno mismo; no negaré que el ser más contradictorio radica acá en este pecho. ¡Tiren la piedra, pues, hermanos y hermanas del pecado! 

 

Platicaba con alguien del tema de vivir fuera del país propio y lo comparaba con ser un huérfano, apuntaba a la inteligencia que nace por esa condición donde no hay más que la necesidad empujando, entre las piedras, a las plantas hacia el sol. Al obligarse a ese esfuerzo se logrará que la planta sea más robusta que las demás. Ver la situación así, denota una capacidad de sustraer de lo opaco algo brillante, diciéndolo en términos bastante jungianos. Es lo que hacemos en espacios espirituales: enfocar la energía, no negar la oscuridad sino adentrarse en ella. Me lo decía porque yo le contaba del periplo que me cargo desde Sudáfrica, de ciudad en ciudad. Me decía que vivir fuera me fortalecería, los viajes así de locos mostraban un poco ese desarraigo. Y eso que en la ida a Sudáfrica me fue bastante peor: el vuelo se canceló y tuve que pasar un día en Frankfurt, lo que me llevó a conocer nada-más-con-un-ojo-abierto la casa de Goethe pues el jet lag me terminó haciendo trizas a medio paseo. 


En el viaje pasaron un par de cosas importantes y una de ellas fue la liberación de 222 presos políticos nicaragüenses que ahora serán mis vecinos en DC. Con otro amigo comentamos la fuerza del Obispo Rolando Álvarez, quien decidió no subirse al avión y Daniel Ortega por medio de un juez lo condenó por esa ofensa a 26 años de cárcel. Condena que recibió con todo el peso de un mártir cristiano, en el sentido más profundo y existencial, para colocarse -me decía este amigo- al lado de Monseñor Romero y Juan Gerardi y otros curas que ofrendaron su vida en aras del expandir de la conciencia; sus actos son pasos superiores que develan al poder más pestilente y subliman la transparencia del espíritu anteponiéndose al cuerpo desechable. La renuncia del individuo para fundirse con la totalidad. Lo imagino a Monseñor Álvarez -a quien el Papa Francisco recién le dedicó un tuit- resistiéndose a subir al avión y volver a la Nicaragua-prisión para enfrentarse a su destino abrasivo pero fecundo. De otra forma el Papa quizá no habría notado -o al menos no con tanta efusión- la situación de Nicaragua. Un sacrificio cristiano pleno desde la más sincera hermenéutica del corazón. 

 

Son gestos que pican con triste ilusión el alma, entre tanta desesperanza colectiva en el que los ultranacionalismos crecen como maleza con espinas frente una propuesta más humana que no termina de permear; uno no sabe cuál será el auténtico rumbo del nuevo paradigma esperado. Entiendo que se está edificando este postulado -hay visos que enfocan al mundo sostenible- pero antes de llegar habrá mucha sangre y no sé si más guerras de las que siempre ha habido pero sí una convulsión caótica en lo que se encauza una apuesta. En mi país, Guatemala, ya lo saben, las elecciones que vienen no resolverán nada; al contrario, se profundizará la represión sobre todo si gana Zury Ríos, hija del dictador Ríos Montt. Es ingenuo pensar que ella no viene con las manos deseosas de vengar el juicio de su padre, conducido principalmente por las víctimas del genocidio, organizaciones de derechos humanos, respaldado por la prensa y la comunidad internacional. Ella y sus aliados pensarán que no se valía juzgar a quien derrotó el comunismo y que hay que equilibrar poniendo en la picota a quienes se atrevieron en tocar a los militares con las manos sucias. 

 

Pero no quería adentrarme mucho en el proceso electoral, ese zafarrancho que observo por medio de un telescopio. Quisiera impugnar candidaturas, hacer y deshacer, como hace cuatro años cuando intentamos de todo y conseguimos poco o casi nada. Diría que ahora busco este paradigma pero es mentira, solo busco contar un poco lo vivido en los últimos días. Aseguro que esto me calma y me entretiene y sé que a algunas personas les interesa leer estas historias.

 

 

 

viernes, 10 de febrero de 2023

Más de doscientas aves libres



Volaron con las marcas de los grilletes

En las manos cansadas de abrazar barrotes

Miles de escupidas llevan en los bolsillos

Endilgadas por los jueces sin firma 

Nicaragua Nicaragüita 

Observa una parvada de 200 aves

Volar huyendo de la celda aguda 

Se desbordan alegres los viejos lagos 

El suelo extrañará a sus hijos 

Que se irán por un tiempo oculto   

Caerán las flores del cielo 

Cuando se derritan los centinelas

Que amarran los cuellos de los hermanos

Buscando detener la historia

Para que el país sea siempre una canica 

Dentro del llavero 

De un par de hambrientos 

Como todas las hienas

Que han querido morirse 

Con la corona puesta 

We Will Miss (and Honor) You, Professor Hunter

    On the first day of class, Professor Hunter asked, “Why did you sign up for this international environmental law class?” I, somewhere be...